Si me das a escoger entre obedecer y romper las reglas, sin duda el placer de lo prohibido es simplemente más divertido. La vida en sí está paradojicamente regida por esta ley. El hombre en su naturaleza misma busca ir en contra de la corriente. Sin embargo, si me das a escoger entre la obediencia a Dios, no hay duda que escojo seguir sus ordenes, por más dificiles que estas parezcan. Y no es que precisamente me este vistiendo los hábitos de un santo, porque sin duda estoy lejos de ser beatificada por cualquier tipo de religión; sino que simplemente mi Dios me ha dejado ver una estela de sus bendiciones por simples actos de obediencia que no son mas que beneficiosos para mí misma. Lógico? de ninguna manera, celestial? completamente. La gracia de Dios es tan inexplicable y bondadosa como su existencia misma, y es lo que sin duda la hace tan verdadera y pura.
No estoy en el mejor de mis tiempos, no puedo decir si quiera que mi vida está siguiendo su curso normal o al menos anormal; puedo decir que en medio de los días más inestable que he podido vivir, lo cuales acompaño con una mezcla de sentimientos extraños la obediencia a Dios me ha llenado de una completa paz y de abundantes bendiciones aún más allá de lo que yo misma puedo esperar.
Uno de mis predicadores favoritos, Jorge Cota dice: "La vida es buena, la eternidad es mejor"
lunes, 22 de septiembre de 2008
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