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martes, 25 de septiembre de 2007

La Historia. 2º avance

Esa tarde, mientras miraba el cielo desde el techo de su casa, sintió escalofríos y nostalgia. Una lágrima rodó por su mejía y de pronto extrañó ese lugar, como si no estuviera ahí.
Tuvo miedo, cerró fuertemente los ojos, y pensó: -Este mi hogar.
La mañana siguiente, era como todas la mañanas tropicales de aquel lugar. El sol se levantaba radiante y los pájaros anunciaban el amanecer. Las luces de las casas se encendían una a una.
A esa hora la luz eléctrica es necesaria para ver mejor, y para despertar de una vez por todas. Las casas empezaban a oler a café y a pan caliente. La mayoría de los habitantes de ese sitio estaban listos para trabajar antes que el reloj marcara las primeras ocho horas del día.
Las escuelan se llenaban casi a la misma hora. El bullicio llenaba las aulas.
Las risas y los gritos son una oración de vida y libertad que los niños rezan todos los días.
Los días de escuela son así. Detestas levantarte temprano, detestas no haber dormido lo suficiente, detestas incluso el tráfico, aún y cuando no manejes; pero en el momento justo que entras por la puerta de tu salón de clases, empiezas a disfrutar el día.
Los días para la protagonista de nuestra historia eran más o menos así. Se encargaba de preparar el desayuno para su familia, de preparase para la escuela y de llegar a tiempo. Su uniforme era una falda plisada a cuadros, que acompañaba con una blusa blanca. Sus zapatos negros y sus calcetas blancas. Todo perfectamente limpio y planchado. Su hermano y sus hermanas lucían igual. Todas las noches, ella y su hermana mayor planchaban cuidadosa y delicadamente su atuendo diario, y era la misma rutina día tras día.
Entraba por la puerta de la escuela como cada mañana. Saludaba a casi todas las personas que encontraba en el camino. Entraba a su salón, se sentaba en el mismo lugar de siempre, se colocaba los anteojos y comenzaba a leer. Nunca leía más de cinco minutos, una suave voz repetía su nombre: - Isabel, llegaste.
Una niña de tez blanca y ojos verdes era la compañera inseparable de Isabel. Su nombre era Valesca. Isabel sonreía y escuchaba tranquilamente todas las historias de Valesca, aunque nunca supo como tenía siempre una nueva historia cada mañana. A los pocos minutos, la conversación juvenil era suspendida por el sonido del timbre que anunciaba el inicio de clases. Todos tomaban sus lugares y las clases daban inicio.
Esa mañana, el Director de la Escuela entró por la puerta del salón de clases de Isabel. Los alumnos se levantaron, en señal de saludo y repitieron al unísono: - Bueeeeenos dííííííassss, Diiiiiiirectoooooorrrrr!
-Buenos días juventud- contestó- Le pido a la alumna Farrar que me acompañe a mi despacho, por favor.
Todos volvieron sus ojos hacia Isabel. Era increíble. Isabel era una de esas estudiantes que son el ejemplo que los padres nos mencionan mientras nos regañan. Estudiosa, responsable, muy aplicada y respetuosa, a sus 14 años parecía que había aprendido que la escuela era su máxima obligación. Era imposible que Isabel fuera llamada a la dirección. Todos murmuraban, mientras Isabel se levantaba de su asiento. Su cara no mostraba la más mínima expresión. Y mientras caminaba, solo sentía los ojos confundidos de todos sus compañeros sobre ella. Nadie tenía la menor idea de lo que ahí estaba pasando.
(continuará…)


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jueves, 20 de septiembre de 2007

La Historia

Todos los derechos reservados.
Esta historia no tiene nombre, y no es escrita en un tiempo o un lugar determinado. Eso no quiere decir que no sea verdadera, pero tampoco que no sea falsa. Será entregada por partes, que espero los lectores disfruten al igual que yo. Es una historia, porque las palabras escriben nuestras vidas. Lady 22

"La historia comienza en una tarde de verano, donde el sol está radiante y el cielo despejado.
El viento sopla suavemente, es aire caliente, probablemente proviene de las cálidas costas; estar cerca del mar tiene sus ventajas, y a veces también sus desventajas.
Pero esta historia va más allá del clima.
Es la historia de una pequeña niña de ojos negros. Grandes ojos negros con pestañas largas que parecen el sendero al interior de un dulce corazón. Su cabello es también negro, negro como la noche más oscura, como el carbón o como el negro más puro que mis ojos recuerden; es largo también, y cae sobre su espalda como suave cascada escondida. Sus labios son delgados y rojos; pareciera que acaba de comer una de esas paletas de dulce que pintan tus labios; pero ese rojo intenso le pertenece. Tiene una nariz digna de las más altas familias burguesas, está hecha a la medida de cualquier modelo de revista; su piel es canela, y sus manos como de pianista. No es muy alta, pero sin duda su figura va destapando esa belleza femenina y esa sensualidad que no es más que inocencia.
Tiene apenas 14 años y es aquí donde comienza su historia. Su historia se escribe sin fecha, porque a veces el tiempo es aburrido. Tampoco hay lugares. Y es la historia que comienza con el despertar… justo donde te das cuenta que existes y quien existe a tu alrededor. "
(continuará…)


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